Sara Baras: ‘Infinita’ e impecable

Sara Baras. ‘Infinita’. Teatro de la Maestranza, Bienal de Flamenco de Sevilla 2026

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco Sevilla @Laura León

La bailaora gaditana trajo el estreno mundial de ‘Infinita’ al Teatro de la Maestranza de Sevilla, inaugurando de manera impecable la programación de su escenario en La Bienal de Flamenco de 2026

La bailaora gaditana trajo el estreno mundial de ‘Infinita’ al Teatro de la Maestranza de Sevilla, inaugurando de manera impecable la programación de su escenario en La Bienal de Flamenco de 2026

Dejó sin papel la taquilla para los tres días. Después de 14 años sin presentarse en La Bienal, salvo en el pregón de la edición anterior, y sin más pretensiones que homenajear una Andalucía eterna e interminable –Infinita–, Sara Baras se adentró en un viaje por los sentimientos derramándolos por sus ocho provincias. Conformó una propuesta de perfil blando: amable, simple, sencilla, para el gran público. Lo hizo desde la excelencia, alejada de lo político y la reivindicación, más allá de conceptos superfluos que obliguen a entender el baile con instrucciones. Vino a disfrutar y hacer disfrutar a Sevilla. A juzgar por la euforia del público, que abarrotó el coliseo sevillano, lo consiguió de sobra y se llevó en el corazón el calor de una espuerta de aplausos que incesablemente no la dejaban bajarse de los maderos maestrantes.

A poco que un aficionao que se precie conozca la trayectoria de la cañailla, sabe a lo que viene. Sara no revuelca a nadie a pellizcos. Rebuscar en su baile embrujo, duende y trapío es tarea infructuosa. Pero a ver quién le pone una pega a Infinita, un montaje espectacular que en lo único que se sobrepasa es en profesionalidad y un exceso de escrupulosa medida, donde está todo estudiado, imbricado milimétricamente y sincronizado a la perfección con el cuadro, el cuerpo de baile, el sonido pulcro e impoluto y una iluminación de ensueño, absolutamente extraordinaria y con muchísimo gusto, rubricada por talento de Óscar Gómez de los Reyes: impresionante.

Un cenital fue amaneciendo de luz sobre el cuerpo de baile que, agachado en coro, danzó en una pieza coreográfica donde La flor abre sus pétalos, despertando sus manos y brazos, floreciendo a la búsqueda del último, Sara, que mostró una fijación ritual por el siete en un argumento que se comprende. Siete eran entre músicos y cantaores. Siete mujeres había en el cuerpo de baile. Y ella siempre el ocho, para completar los puntales de Andalucía.

El vestuario de ropajes livianos, vaporosos y etéreos, completado por mantoncillos que colorean la gama cromática de los paisanajes provinciales, permitían la belleza de dibujos ondeados con un efectismo visual acorde con la extremada belleza escénica del espectáculo. Y Sara endosó un estilo a cada una de las ocho hermanas de nuestra región.

Me pareció intuir en off los romances portuenses de El Negro del Puerto y un guiño al himno andaluz en las cuerdas de Keko Baldomero antes de que las mueres se adentraran en Huelva por fandangos. El Mati, Rafael Núñez y May Fernández regalaron sus gañotes rajaos cantando por derecho durante la hora y tres cuartos de la obra, fundiendo tesituras de alfileritos hirientes con la rotundidad de May, tocada de gracia, probablemente de lo mejorcito de Cádiz.

Sara se fue a las antípodas andaluzas por taranta y tangos recreando Almería. Luego llegaron a Málaga con un sorbito de malagueña y verdiales, representada por el sombrero verdial malacitano con sus flecos de colores en raso. Aquí se detuvo en un idilio junto a la guitarra de su amado Keko, culpable de la acertadísima dirección musical de Infinita, además de su intachable interpretación a la sonanta. La serrana a Córdoba fue solo cante macho y la bailó con zahones. Estaban ensayadas hasta las posturas de los brazos de El Mati cuando sale al centro a cantarle con arrojo.

Los trémolos y vibratos del violín de Alexis Lefevre, a más de su ejecución profunda y limpia en los pasajes melodiosos y cierres, son dignos de mención. Así como la percusión de Güito. Andrés Martínez tocó la segunda guitarra.

Llegamos a Jaén con la trilla en la voz grabada de José Mercé. Baras transita por el polvo y la arena de los terruños con una luna eclipsada y la sombra de sus mudanzas debajo proyectadas sobre el fondo. Probablemente de las piezas mejor conseguidas por la intensidad y la transmisión dentro de una propuesta global que, si bien se puede catalogar como (casi) perfecta, resultó también algo insípida, carente de repelucos y falta de una mijita de improvisación. Son las concesiones que desnaturalizan el ceremonial espontáneo del flamenco a favor del efecto que a buen seguro le seguirá granjeando grandes éxitos tras 28 años de compañía, siendo esta la creación número 20.

Las chicas bailaron con cestos la aceitunera. Antes de que la bajañí acompañara la granaína y abandolaos –brillante los gañotes de los cantaores aquí–  Luego vino Sevilla, con un mástil de guitarra en el centro de las imágenes. Pincelaíta escasa por soleá y luego arribaron a las tablas sevillanas, enmarcadas en un círculo de luz que arropaba los cruces y pasos, en la primera Sara, vestida de granate, la segunda por una pareja del cuerpo y las otras dos al completo, colándose entre los huecos traseros de cantaores y músicos minuciosamente colocados en cada una de las escenas de este bodegón.

Al Cádiz de su alma llegó por tanguillos y alegrías, partiendo de contraluces hasta rozar la orilla «de donde viene la sal, de donde viene el aroma». May recuerda a La Perla y Sara se esmera por a querencia a su cuna, contoneándose con más brío buscando el clasicismo de la gracia. Los aplausos precedieron la escobilla, con pies definidísimos. Y comenzaron el final, que se alargó a petición del público, pero estaba detalladamente ensayado.

La bulería de Cádiz del cierre en las alegrías trocó de nuevo en tanguillos con el cuerpo de baile. Sonó un poema en la voz de Antonio Banderas y tres magníficas fotografías de Sara con las miradas de Santana de Yepes y Sofía Wittert adornaron imponentes el fondo del proscenio. Sara lucio figura de blanco y repartió mantones verdes para simbolizar la bandera de nuestra región. Por fin la bulería, las pataítas de los cantaores, los piropos, los jaleos, un fin de fiesta y la rendición al lugar, evocando May los sones de Juana la del Revuelo porque dicen que Sevilla es de chocolate

Agradecimientos de Sara al micro y cuando todo parecía haber acabado. Triana: abre la puerta niña. El público ovacionó hasta la extenuación el estreno de Sara con merecimientos cualitativos, a pesar de que a un servidor le llenan más otras propuestas. Pero a Baras lo que es de Sara.

Ficha técnica:

Infinita, Compañía de Sara Baras
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza de Sevilla, 11 de septiembre de 2026

Baile: Sara Baras, Cristina Aldón, Carmen Bejarano, Miriam Pérez, Elena Arias, Irene Flores y María Guerrero.

Guitarra, dirección musical, música y letras: Keko Baldomero
Guitarra: Andrés Martínez

Cante: May Fernández, Matías López ‘El Mati’ y Rafael Núñez

Percusión: Rafa Moreno ‘Güito’

Violín: Alexis Lefevre

Iluminación: Óscar Gómez de los Reyes

Colaboraciones especiales: José Mercé y Antonio Banderas

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