La Bienal pregona Sevilla con cante de altura y el baile excelso de Ana Morales

Ana Morales y Pedro El Granaíno. Pregón Cantado. Bienal de Flamenco Sevilla 2026

Archivo fotográfico Bienal de Flamenco de Sevilla @ Laura León

Ana Morales recibió -tremenda- con sus dibujos del cuerpo los envites del cante desde los balcones de Segundo Falcón, Rafael de Utrera, María Terremoto, Esperanza Fernández y Pedro El Granaíno al arrope de la guitarra de Salvador Gtiérrez en la Plaza de San Francisco. El pregón cantao sirvió de arranque a La Bienal de 2026

Falcón lo hizo muy bien. En la dirección artística del espectáculo y al cante. Metió los dedos en las callejuelas adoquinás de Sevilla y salpicó el perfume hasta Triana, cruzando el río. Al bordón de Salvador Gutiérrez, entró al tono y al toro embistiendo con su toná y el pregón de los caramelos echándole reaños desde el balcón del Ayuntamiento hispalense. La octava alta de Rafael de Utrera en Laredo tronó romanceándose, torciendo los cuellos del respetable que, de pie, buscaba alzando la mirá a ver por dónde venían los jipíos.

Martillito de mis penas y más yunque del que callo apuntilló bravío y valiente el gañote de María Terremoto desde el balcón del edificio de Cajasol, jincándole las uñas al martinete escarbando hasta las entrañas. Y allí mismo la trilla, romance y toná liviana de Diego El Lebrijano se posó en la voz rajá de Esperanza Fernández como preludio del saetón con el que cerró Pedro El Granaíno, de nuevo en el Ayuntamiento, la tanda de cantes desde las balconadas de la Plaza de San Francisco sevillana. Por seguiriya, abrochá con la toná de Cristo, pegando pellizcos a pesar de esos saltitos de voz que tanto manosea últimamente.

Ana Morales, de negro y blanco, con adornos goyescos o piconeros en su bata cobijó en el mantón y en sus hechuras ca una de las arremetías que le cayeron del cielo. Esos ‘Ecos primitivos. Cante en altura. Danza en tierra’ que pergeñó Falcón con acierto para pregonar La Bienal de Sevilla a los tres vientos de un triángulo cantao y contao que duró lo justo para encandilar a la afición y empujarla a un festival de «perlas a millares». Y una de ellas, de brillo excelso, fue Ana, cuya interpretación de la soleá fue sencillamente soberbia, sobre los mandamientos del canon, pero estrujando la tensión de un sentimiento con aires frescos, bailándole al cante y a esta tierra, a cada uno de los que bajaron a la tarima a acurrucarla, contoneándose a la voluntad de los tercios como poseída por el flamenco, fluyendo con las cadencias soleareras de los melismas de los cantaores. Brilló por la sutileza de sus caricias y la fuerza contenida asestando azotes con el tacón. El gesto en su sitio, la bata en Sevilla, el baile a tierra.

Segundo se fue a Triana a perder los papeles en la tangente de la afinación. Na, dos cositas, que no se me enfae. Porque nos queremos. Pero to hay que decirlo, primo. Se arremangó por Cádiz tocando a rebato y ya se me olvidó eso. ¡Gitana, enciende la luz! Pidió Rafael a la otra orilla. Y El Granaíno se acordó de Charamusco.

Ya en la antesala del remate, María creía que era la reina, pero era una probe gitana. ¡Cómo endiñó candela esta niña por ahí! Esperanza vendiendo flores, Segundo tributó a Manuel Molina porque mira si soy trianero que estando en la calle Sierpes me considero extranjero. Y el cuadro se templó por Pinea, viniendo de apolás y del Zurraque, de sones de fraguas y alfareros, rifándose letras, buscando una coral a 5 voces para la recogía en un quejío de corte morentiano para echarle el cerrojo a un pregón cantao que hizo las delicias de los que tuvieron la suerte de acudir al ritual de salida de una Bienal que promete. Va bien la cosa.

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