‘El mundo por montera’: ni muy endeble, ni espectacular

José de la Tomasa y David de Arahal, ‘El mundo por montera’, Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

La gala inaugural de la XXIV Bienal de Sevilla condensó las aristas de un flamenco poliédrico en dos horas de reloj. Hilvanó en diez escenas con transiciones fluidas una interesante propuesta ni endeble, ni espectacular

Salpicando momentazos flamencos que quedarán para el recuerdo, aquí hubo de todo, como en botica. La plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla albergó una obra mastodóntica, bien dirigida por Andrés Marín y Luis Ybarra. Fue correcta, dinámica. Y supo resumir en dos horas la idea de revisitar el pasado. Acorde al concepto que se evoca en esta edición, supuso un «ay sin tiempo entre lo que habita en el olvido (…), una fiesta a hombros de la historia (…), el museo vivo de la sangre y lo sigilosamente apartado». Rememoró el flamenco de hace un siglo, recordando a Pastora, Vallejo, Marchena, Chacón, Manuel Torre, la Generación del 27 y hasta las batallas de saxos entre Vilches y El Negro Aquilino.

Así comienza la historia, con los vientos de Juan Jiménez y Alfonso Padilla, espléndidos, arropados por la guitarra de Manolo Franco y las palmas acompasás de El Oruco y Abel Harana, que principiaron desde la derecha del escenario, en las gradas, parafraseando musicalmente El ole es una palabra y un par de fandangos por bulerías con aires de Vallejo y El Carbonerillo.

Las proyecciones del fondo, creaciones firmadas por el artista visual Cachito Valdés, que sumaron a favor, armonizaron a la perfección sin manchar la escena.

Siguieron el programa fijado. En diez cortes con transiciones ligadas contaron lo que querían. Otra cosa es el nivel artístico, que se antojó irregular con intervenciones estelares y otras para descambiar, como el caso de la de Martirio, que te gusta o chirría. Su actuación fue desafortunada. No le pidamos afinación ni flamencura, pero hasta su vis folclórica canalla con la que acierta en su carrera, se vio aminorada. Una mala noche la tiene cualquiera. Lo tocó a ella, especialmente. Porque en el buscado contrapunto del montaje no se lució ni en la saeta o toná con la que inició su intervención en el séptimo acto, ni en los cuplés por bulerías que hizo para terminar. Alfredo Lagos a la guitarra sí estuvo impecable.


Manuel de la Tomasa, El Perrete y Ángeles Toledano, con las sonantas preciosistas de David de Arahal y Alfredo, conformaron una caña a tres. Después cantaron por orden bambera, tarantas y cantiñas, destacando los giros nuevos de Manuel, sin gritos ni alharacas, encajando preludios y finales a modo de estribillos en tributo a la Niña de los Peines, las modulaciones rizadas de la garganta privilegiá de El Perrete buscando a Vallejo y Marchena y, de Toledano, su baño de actualidad, mirándose en Carmen Linares y su puñal dorao o trinando por Carapiera, la que en Jerez meten por soleá. El extremeño bordó los bajos. También los altos, que para otros serían falsete. Gracias a su amplitud de registro y el gusto con el que paladea ca tercio, arrancó un puñao de oles del respetable que fueron calentando el ambiente. En la salía, solo con la percusión a compás. David lo acompañó desde el intimismo, con trémolos limpios casi en la boca de la guitarra.

Las cacofonías de los saxos dieron paso a los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía que, cual alimañas, desfilaron agrupados con coordinación vestidos de negro, sobre el fondo negro. Y moviendo con excelencia la bata de cola negra le bailó Eduardo Leal al cerco y la luna, en un pasaje extraordinario de suprema calidad dancística. Fabulosas las guitarras de José Luis Medina y Jesús Rodríguez. Patricia Guerrero se mostró sublime, arrebatadoramente elegante y bella, pintando con su bata de cola blanca los misterios de la granaína y la media granaína. El braceo exquisito. Deliciosos los virajes, las figuras, los hombros y el arqueo de la espalda. Los pies escrupulosamente definidos. Rebosante de creatividad en la coreografía. Brillante. Sencillamente genial.

La cuarta pieza prosigue en los pies del Ballet con los ritmos salsones de colombianas y guajiras. La voz de Manuel de Gines descolló enjundiosa y segura junto a Amparo Lagares. El tango arrumbao de la Catalina surge en memoria de Vallejo, segunda Llave de Oro del cante. El saxo pespuntea la china mía se fue a Alemania y no ha ‘volvío’.

Y llegamos al quinto cuadro, en el que La Tremendita se templa por petenera con el bajo, al socaire de la guitarra de Franco, musicando cositas suyas y letras clásicas, llorando una pérdida sin estrujarse el gañote arriba, calentita y sentía. Reverencia a Pastora, se lamenta contenida.

Arcángel continuó acariciando los vericuetos de la vidalita. Suculenta siempre la percusión de Daniel Duárez. Y los guiños que el cantaor onubense lanzó a Marchena en los cantes de ida y vuelta, reincidiendo el espectáculo en la guajira que se fundió a tierra, hasta el límite del dulzor. La cosa pedía ya a gritos un corte de digestión de voces sedosas. Empalagaos estábamos ya de tanto azúcar.

Saltándonos el martirio arribamos al número ocho, donde «lo moderno hoy es sentarse con una guitarra a cantar por soleá», como me dijo la cantaora Alicia Gil una hora antes departiendo en un velador. Junto a Patricia, lo mejor de la noche. Arremetías de empaque endiñó con rotundidad el último maestro del cante que le queda a Sevilla. Don José de la Tomasa se fajó los machos sin aliviarse ni dar voces, paseando los versos desde Alcalá a la Triana de La Andonda con una espuerta de letras propias de las que arañan con verdad. Cañones de luz para el monumento. Y pa la guitarra de David. Tu arrogancia yo la entiendo: aunque lleves el traje nuevo, se te notan los remiendos. ¡Ole! Así se mastica esto. Sentenció reposao, callando al silencio. Y… El cante por soleá dice mucho en una boca y en otra no dice na.

José Mercé se aferró a la seguiriya. Solemne y flamenco pero no dolió mucho. Ni siquiera en el macho de yunques, fraguas y martillos, la antesala del final.

David Chupete levantó una ovación con el repique de las castañuelas. Salió «to er mundo» de romería al entarimao y se arrojaron unos cuantos fandangos. Pa no hacer sangre, hablemos del trapío en los envites de Manuel de la Tomasa, al que no doblegaron ni los acoples del sonido. Del fandango de Morente recreado en la tesitura de Toledano. De nuevo, del magisterio de José, que se adelantó en el proscenio echándole el brazo al hombro a su nieto, amasando la poética taurina en honor a Joselito. Arrancó oles de cuajo. Y El Perrete. Tremendo. Rindió pleitesía a su tierra, desempolvando la crema de los sones de Porrina haciendo encajes de bolillos con su nuez almibará. Con El ole es una palabra de los saxofones salió Marín al saludo. El resto del elenco hizo lo propio, recibiendo una lluvia de aplausos porque el público aparentemente disfrutó. Estaba complacido. Aunque los comentarios eran variopintos.

La gala inaugural de la Bienal de Flamenco de Sevilla echó el cerrojo al albero. No fue del todo endeble, pero tampoco espectacular, por más que algunos artistas jalonaran la obra de instantes sabrosos para guardar en la talega de los recuerdos.

Ficha artística

XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Gala Inaugural
Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla
10 de septiembre de 2024

Cante: José Mercé, José el de la Tomasa, Martirio, Arcángel, La Tremendita, Ángeles Toledano, El Perrete y Manuel de la Tomasa
Baile: Ballet Flamenco de Andalucía, con Eduardo Leal y Patricia Guerrero
Guitarras: Manolo Franco, Alfredo Lagos y David de Arahal
Saxofones: Juan Jiménez y Alfonso Padilla
Percusión: Daniel Suárez Palmas: El Oruco y Abel Harana

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Por Redacción FlamencoJondo

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