El flamenco y el directo

Ángeles Toledano, ‘La misma sangre del cuerpo’, Teatro Alameda, XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

La música pregrabada en el flamenco debería estar prohibida en los conciertos. Porque el público merece respeto. Y el flamenco también

La música pregrabada en el flamenco debería estar prohibida en los conciertos.

El elemento fundamental de cualquier expresión artística del ser humano no puede ser sustituido por una grabación. Y, en el flamenco, una de las claves está precisamente en comprobar en directo la capacidad del artista: el compás, la musicalidad, la interacción entre los músicos y, sobre todo, la improvisación.

Por eso, no puedo entender que en un teatro se pueda cantar por malagueña utilizando un compás pregrabado. En el flamenco, el compás es fundamental. Lo mínimo que se le puede exigir a un artista que se sube a un escenario es que sepa llevarlo, aunque sea con las palmas.

Si en un teatro un artista toca un instrumento, lo lógico es que el instrumento esté correctamente afinado y, por supuesto, que sepa tocarlo.

Si un artista pretende que el público contemple a alguien bailando flamenco, también debería existir un mínimo dominio del lenguaje corporal del baile: los pies, los brazos, el compás y la expresión.

Y hay algo todavía más difícil de comprender: cantar oculto, dando la espalda al público. Si además la guitarra está pregrabada y el espectador ni siquiera puede ver quién está cantando, inevitablemente surge una pregunta: ¿también está pregrabada la voz?

Son demasiadas cosas que, desde mi punto de vista, se han hecho mal en el espectáculo programado hoy por la Bienal de Flamenco de Sevilla y por quienes tienen la responsabilidad de seleccionar los espectáculos.

Quiero pensar —y estoy convencido— de que cuando decidieron contratarlo no conocían realmente el contenido que finalmente se iba a presentar sobre el escenario.

Porque el público merece respeto. Y el flamenco también.

Hoy, viendo a personas abandonar el espectáculo antes de que terminara, le dije a algunas de ellas una frase que creo que resume perfectamente lo ocurrido:

«Esto es como el cuento del rey desnudo: todo el mundo acabó viéndolo vestido».

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