La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla viene dando más alegrías que sinsabores en lo que va de semana. Con sus más y sus menos, ya colecciona instantes magníficos para el recuerdo, incluso alguno mágico o espectáculos dignos de un preciado Giraldillo. Aunque también han pinchao. Pero no es el caso de Rancapino, que estuvo de dulce y nos hizo disfrutar sin tonterías. Tampoco llegó a altas cotas, ya que el repertorio, por más que quisiera encajarlo en un título que justificara la propuesta, no fue otro sino prácticamente el mismo –que sí, con novedades– que ya conocemos de su gañote de almíbar. Más acelerao que de costumbre. Y me gustó.
Vino a darlo todo. Así fue. No se dejó na en los bolsillos. «Porque estoy muy a gusto con ustedes». Lo dijo mil veces, provocando las risas del respetable, que aplaudió con fuerza y despidió en pie al cantaor que con Pizarra quiso recordar a los grandes maestros que impresionaron sus cantes para el gramófono.
Juan Valderrama hijo dedicó unas palabras de presentación elogiando a Alonso, «que no se deja llevar por guiones (…), canta lo que un día fue, es distinto y tiene transmisión».
La guitarra de Antonio Higuero lució pulcra, cristalina, justa, en su sitio. La de El Cabeza preñá de matices y personalidad, particular, sencilla, jonda, distinta.
Pespunteó Rancapino una ristra de cantes cortos y al pie para regalar un surtido de pastelería fina y cuadrar los tiempos del recital. Abrió por soleá, con el cuadro de acompañamiento sobre el entarimao de principio a fin en su paso por Sevilla. Naim Leal, Diego Montoya, Edu Gómez y El Sopa a las palmas pusieron el compás compartido con las guitarras de Antonio Higuero y Rafael Rodríguez ‘El Cabeza’, además del soniquetazo y el baile festeros de Luis Peña. Los dos últimos fuera del programa. Buscó los ecos de Tomás Pavón para iniciar la tanda dando pasitos por Alcalá y Utrera con La Serneta. Se miró en el Sordo la Luz y no remató valiente, sino con el deíto señalando, como se queó San Juan. Transitó el palo mascando el cante, meciendo los tercios en su nuez dotada como le dio la gana, sin voces ni estridencias, regustándose. Se acordó de El Mellizo y Chacón en la malagueña, rizando los melismas, pintando los fraseos de colores morenos. Íntimo y entregao. Se cuadró después por seguiriya evocando de nuevo al ‘majareta y a Joaquín Lacherna o El Nitri para echar el cerrojo de los lamentos con la cabal de El Fillo que tan bien manoseó Talega. Un salpicón de Aurelio zamarreó por alegrías, cargaítas de sal. Y se bamboleó por tangos acordándose de La Repompa y Pastora antes de arrimarse a las bulerías donde metió de to un poco, parándose en la burla de Pericón y dándole el sitio a Luis Peña, pasao de age en la pataíta.
Un cartucho de fandangos, brillando en los de la Calzá y en los de Toronjo pretendió que fuera el cierre. Pero el público pidió más azúcar y, olvidándose del micro, cantó la zambra que Cepero tributó a Camarón, Caracol y Rancapino, el padre de esta criatura que hizo las delicias de una noche de buen cante en el Alcázar de Sevilla.
Ficha artística
Pizarra, de Alonso Rancapino
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Alcázar de Sevilla
15 de septiembre de 2026
Cante: Alonso Núñez ‘Rancapino’
Guitarras: Antonio Higuero y Rafael Rodríguez ‘El Cabeza’
Palmas: Naim Leal, Diego Montoya, Edu Gómez y El Sopa
Palmas y baile: Luis Peña
Presentación: Juan Valderrama hijo