Antonio Rey, apoteósico en la inauguración del Turina en La Bienal

Antonio Rey, ‘Historias de un flamenco’, Espacio Turina, XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

El guitarrista jerezano, poseedor de dos Grammys Latinos, abrió los recitales de guitarra del Espacio Turina en La Bienal de Flamenco de Sevilla ofreciendo una actuación apoteósica

Un hombre y una guitarra. Cuando se alcanzan cotas de excelencia que rozan la locura todo lo demás sobra. Brotó la taranta Maestro Lucía de las yemas de sus dedos y cortó la respiración. Antonio Rey lo volvió a hacer. Jincó las uñas tributando a Paco con un pulgar prodigioso, picados redondos, trémolos de cosquillas… los tiraíllos y las notas tapás también entraron en los versos del poema colándose por las rendijas del izquierdo. Rebosante de inspiración desde la primera nota y midiendo los tiempos con el diapasón del sentío.

Todo el cuadro salió a las tablas. Y cual sintonía profunda de un amor sonó con estribillos incluidos la rumba Mi Rey, con la flauta de Francisco Roca, la segunda guitarra en discreción de Manuel Heredia y la percusión atinada de Bandolero, además de –hasta que pude estar– de las palmas de la cantaora Mara Rey, hermana del tocaor, y Manuel Salado, apropiadamente empastados y luciendo con un diseño sonoro intachable. Antonio se paseó por el ébano de la rumba con escalas melódicas sin que le quedaran trates por pisar. La guitarra al aire. Pero no fue un ejercicio de ostentación, ni alarde de grandeza. Da la impresión que la sonanta se le queda corta para el dominio absoluto de la técnica con el que cuenta. Fue un salpicón de frescura. Atronador en los cierres.

Nervioso al ver tantas caras de guitarristas en el público, tantas uñas largas vestidas de gala, expectantes ante la propuesta de Rey, y por tocar en Sevilla, regaló un repertorio ya conocido para los que acostumbramos a seguirlo, pero que una y otra vez vuelve a renacer en sus dedos, variando intensidades, mascando los caramelos de la inspiración y el sentimiento desde otros rincones.

Con el chorreón de las alegrías que cuentan la Historia de un flamenco, el corte que da nombre al disco con el que consiguió el segundo Grammy Latino, espurreó de sal al graderío, perfumando con la espuma de las olas las caricias a compás. Y mientras yo salía ya del teatro, contando los minutos parta llegar al Maestranza donde Sara Baras estrenaría Infinita y maldecía los horarios de la programación de La Bienal que propician el solape para que uno se pierda o la guitarra o lo que venga después, obligándome a elegir, me fui. Me fui farfullando en mi sesera entre la envidia cochina de quien no es capaz de aporrear cuatro simplezas sobre la bajañí y mi admiración más sincera. Enfadándome con el reloj y dilucidando si acaso Rey no es humano, sino una reencarnación del legado de todos los guitarristas de la historia del flamenco que nos visitan a través de sus cuerdas.

Me perdí la Calma por minera, a Mara por bulerías, el Nuevo horizonte por rumbas, la Nana de mi María y Spain para guardarme el azote de la pulsación de sus bordones poderosos, definidos y pulcros, como cristalinos sus picados y los dibujos melodiosos que te arrastran a la pena, la felicidad o la melancolía en un viaje a pecho descubierto de la historia de un flamenco.

Antonio manda, domina y reparte, lejos ya de la tibieza y demostrando que, andando el tiempo, sigue siendo el Rey.

Ficha artística:

Historias de un flamenco, de Antonio Rey
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
11 de septiembre de 2026, Espacio Turina

Guitarra: Antonio Rey
Cante: Mara Rey
Segunda guitarra: Manuel Heredia
Flauta: Francisco Roca
Palmas: Manuel Salado
Percusión: Bandolero

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