‘La copla del cante’ de Arcángel: un tostón soporífero e infumable

Arcángel, ‘La copla del cante’, Teatro Lope de Vega, XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

El cantaor onubense ofreció un recital trabajado, monótono y aburrido, ovacionado con profusión por su gran público

Para gustos, colores. A sabiendas de la controversia, solo es mi opinión. Ya en los corrillos a la salida pugnaban los aficionaos con disparidad. El Teatro Lope de Vega acogió en la programación de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla el espectáculo La copla del cante, un repaso por el territorio coplero que transita el flamenco desde los albores del siglo XX.

No cuestiono el estudio, el arduo trabajo, la dedicación y la entrega de Arcángel. Ni tan siquiera el planteamiento y la secuenciación de la propuesta. O las amplias facultades artísticas del cantaor. Pero dio el cante con la copla cansando hasta a las ovejas con un discurso manoseado, plano y colmado de excesos melismáticos que se colaron en mis tímpanos como el zumbido de las moscas.

Abrió buscando el asombro cantando en el patio de butacas al son percutivo de unos palillos o cañas que no alcanzaba yo a ver, arropado por los coros de Los Mellis. Hizo tres: Te he de querer mientras viva –tributando a Marifé–, Triniá y El emigrante de Valderrama. Y fue largo. Se acepta y gusta un puntito, pero no tanto, porque obligaba al respetable a mirar con el cuello ladeao. Además de soportar los primeros envites altos con el gañote sufrido.

Francis Gómez estuvo espléndido a la guitarra en cuanto a ejecución y creatividad en las composiciones. Lito Máñez revalidó su talento a la percusión. Y fue magnífica la interpretación de la armónica, el teclado y la flauta de Francis Roca. Azucarado el violín de Ángel Bocanegra.

Pregonó Arcángel limones y surgieron los primeros desafines ante la complejidad melódica de los fraseos que escogió dibujar con su voz durante todo el concierto. Rizó el rizo hasta el tirabuzón en la eterna exploración de su personalidad, llegando a desvirtuar más que versionar con acierto la mayoría de las coplas o cantes que eligió. Ausentes en el programa donde figura que «el espectáculo no contempla repertorio». Dudosa afirmación para una obra extremadamente ensayada, sin solución de continuidad «para favorecer la concentración». Aun así… frío e insípido, costaba encajarle un ole. Tampoco en la salía por seguiriya, donde quiso mirarse en Manuel Torre según Caracol, siempre por los rincones. El cambio de los días señalaítos de Santiago y Santa Ana abrochó el palo.

Se templó airoso por alegrías rastreando en el pentagrama sus diferencias. Y se acordó con gusto de El espejo indiscreto de El Sevillano y de una vidalita de Marchena. Luego de Toronjo en un par de fandangos. Y ató esa terna con un abandolao.

A estas alturas marcaba el reloj treinta minutos de espectáculo y llevaba mi menda media hora de hastío. Francis loopea la guitarra y Arcángel vio llorando a un niño mu chiquetito antes de entrar en la soleá, estrujao en la de Machango, afeando el asunto, como en los apretones del doló de mare mía que bordaba Fernanda de Utrera por Paquirrí, a la que le dobló el onubense el último tercio llevándolo a tierra restándole el lucimiento al clímax del remate. Alternó pasajes perfectamente ajustaos con los desaciertos. A trozos, sin redondear prácticamente ningún cante. Pregonó los caramelos de Macandé y se repara y mira en el del uvero. Quiso encontrar la emoción en los versos de Mi niña Lola, de Pepe Pinto, sin dejar na en su sitio, reincidiendo en lo rebuscado, sonando ya siempre igual: tedioso, empalagoso, pesado, anodino…

Francis tocó Ojos verdes a la guitarra. Los Mellis rindieron honores a Enrique Montoya con Señorita. Reapareció Arcángel con el alianda de La Paquera y nudillos a compás. Pero no dio un pellizco ni con tenazas. Prosiguió celebrando el inventario de coplas con pretensión infructuosa de llevárselas a su terreno, ya que más que aportarles su impronta, casi todas las desbarató. Nos dio un atracón de dieta hipograsa y sin sal, alejado del menos es más, como ocurrió con el Carcelero de Caracol –se lo cargó–, mermándole intensidad en su variante descafeinada. O la Soleá de mis pesares, donde abundó en los empujes aplastaos a punto de romper las costuras. Y se fue al Levante minero.

Solo con cualidades y la intención no basta. El minucioso trabajo musical que se le presupone se desmoronó por todo lo de arriba y por falta de transmisión. Hubo gorgoritos hasta el hartazgo. No me quedé a los bises tras la calurosa ovación de su público. Estaba deseando irme. La copla del cante de Arcángel resultó para mí un verdadero tostón soporífero e infumable.


Ficha artística

La copla del cante
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Lope de Vega
17 de septiembre de 2026

Cante: Arcángel
Guitarra: Francis Gómez
Coros y palmas: Los Mellis
Percusión: Lito Máñez
Teclado, flauta y armónica: Francis Roca
Violín: Ángel Bocanegra

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