Dentro de la programación de la XXIV Bienal de Flamenco, la bombonera sevillana acogió el concierto del magnífico guitarrista Rafael Riqueni junto a los vientos y el piano de Tim Ries y la percusión de Guillermo McGill. A todos les presuponíamos calidad artística, compositora y de ejecución. Sin embargo, la conjunción sobre la tarima del Lope de Vega restó tensión, fuerza y dinamismo a lo que nos tiene acostumbrados Riqueni y que, a la postre, es seña de identidad lo suficientemente marcada y particular como para seguir embelesándonos sin probaturas ni experimentos. Me basta un hombre y una guitarra cuando es Riqueni.
Como anécdota lo compro. Un ratito, na ma. Como espectáculo, evidencia las deficiencias de una propuesta que (con)fusiona los aires jazzísticos con el perfume de Sevilla tapando ambas fragancias en una mezcolanza sin sabor determinado ni impacto que trasmine, menos aun por la carente fluidez de las transiciones y la elección de los temas, que atentaron con bajadas de tensión y dormidera, a merced de un concierto aburrido y sin momentos álgidos destacables para guardar entre los recuerdos imborrables. Faltaron ataques, viveza y algarabía, un puñao de sal, age, compás, diálogos febriles, jam sesión…
Riqueni se desdibujó empequeñeciéndose entre las cadencias cuanto menos relajantes de la musicalidad de Ries. Y no lució su guitarra como de costumbre, en aras de compartir un ardid comercial extravagante e innecesario, como las cartas de menús de algunos gastrobares, donde impera la sensación de querer volver a casa y jincarte lo que sea a desahogo. Que no has comío, vamos.
Desgranaron un repertorio surtido, desde Te llevé al bis de Moon River, pasando por El estanque, Tiempos pasados, Bécquer, No expections, Chicuelina, Soleá por bulerías, Benamargosa, Higher Ground, A Night in Tunisia, El Loco, Esa noche, Blessed, Tunisia y Domalabara. De donde entresacamos solo algunos instantes de cada intérprete que no justificaron la entrada ni la expectación, saciando la curiosidad con la monotonía en los primeros toques del recital.
Sigo aquejado del Síndrome de Riqueni. Y por más que intenten camuflarlo, permaneceré en sus filas para escucharlo allí donde vaya. Los artistas se prueban y disfrutan con otras cositas. Algunos aficionaos solo queremos su guitarra, la de siempre, la de casa, las papas fritas con huevo. Y a mojá.
Ficha artística
Tunisia
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Lope de Vega, 21 de septiembre de 2026
Guitarra: Rafael Riqueni
Saxofón, flauta y piano: Tim Ries
Percusión: Guillermo McGill