Farruquito y el efectismo. Al final se casan

Farruquito, ‘Serás Farruquito: el musical’, Teatro de la Maestranza de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

El musical ‘Serás Farruquito’ resultó un batiburrillo efectista, un cóctel de sobreestimulación con escasos silencios y respiros que necesita una revisión profunda tras su primera función

En un malogrado intento de otorgarle continuidad a su documental Serás Farruquito, a cuyo estreno asistimos con gran satisfacción, el extraordinario bailaor sevillano presentó al cobijo de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla y con un Teatro de la Maestranza a reventar de público, Serás Farruquito: el musical, vertebrado en cinco actos: la sangre, el aprendizaje, el mundo, la sombra y el legado. Ninguno de ellos bien delimitado y engarzados en una obra ensordecedora por el exceso de decibelios, el efectismo y un batiburrillo que cuanto menos, necesita una revisión profunda tras su primera puesta en escena.

Querría yo una boca prestá para analizar esto sin tapujos, expresarlo con la misma libertad con la que Juan se sentía pleno para seguir y cantar al final de la obra y no caer en el error de hacer pupa y herir. Nada más lejos de mi intención. No encontrarán aquí por tanto una crítica pormenorizada que vaya al cuello. Resulta tentador callarse lo más grande y pasar palabra, pero hay que decirlo, con la contención del respeto que me merece su trabajo. Farruquito baila como Dios. Y punto. Ya lo escribí así una vez. Y mil más si hicieran falta. Pero insiste en errar en la producción de sus espectáculos que, quizás surgen de una buena idea, pero no se materializan sobre el proscenio con la categoría que suponemos que les corresponde.

La escenografía estuvo compuesta por varias tarimas enfundadas de blanco, cual altares, que mueven de un lado a otro las chicas del cuerpo de baile formando distintas composiciones durante el espectáculo. ¡Un sobresueldo para esas niñas! Comienza mientras el público va acomodándose y no es hasta la aparición de la guitarra de Ramón Amador, espléndido, flamenquísimo y jondo en sus intervenciones, cuando la sala enmudece y se percata de que ya arranca el musical. Cristina Aguilera, María Carrasco, Lucía La Bronce, Cristina Soler, Gloria del Rosario y Marta Cañizares entraban y salían entre bambalinas, participando de los bailes grupales y otras veces justificando las innumerables mudanzas. Sin menosprecio en absoluto de la calidad artística de cada una de ellas en sus pasajes.

Es cierto que los nefastos empastes del sonido impidieron disfrutar de la incuestionable valía del elenco de músicos, casi siempre en el fondo, pero en primer plano sonoro. Ni tan siquiera escuchábamos bien los pies de Juan, el cuadro, ni a los excelentes cantaores Ezequiel Montoya, Ismael El Bola y Estrella Fernández. Ni al resto de músicos:  Sergio Fargas a la batería, Robert Chacón al teclado, Fran Roca a los vientos y la percusión impecable de Paco Vega. Todos ellos bañados por un atinado diseño de luces firmado por Juanjo Beloqui y con las proyecciones audiovisuales de Algarabía Estudio. Es decir: con todos los ingredientes necesarios, surgió un producto para el que urge la reelaboración.


Pudo cerrar la obra en varias ocasiones. No se arrecogía. Salpicó la propuesta con picos de entusiasmo y buenos momentos, por supuesto, especialmente en los pasos a dos con su hijo, unas sevillanas con una de las componentes del cuadro de baile, los instantes de la boda y otros tantos en los que danza en unos pocos centímetros cuadrados sobre las pequeñas tarimas. Muchas luces y más sombras. Pero el resultado general ponderó la maraña sobre la flor. Y hubo oles y sabor en el baile por aquí y por allá, voces en off, el protagonismo concedido a su hijo Juan El Moreno –progresando adecuadamente–, el tributo al legado de la sangre de Farruco… Todo concatenado vertiginosamente en un cóctel de sobreestimulación con escasos silencios y respiros. Seguiriyas, soleá, alegrías, fandangos, farruca, bulerías… y casi al final, con la alboreá, se casan.

Ficha artística

Serás Farruquito: el musical
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza, 28 de septiembre de 2026

Baile: Farruquito y Juan El Moreno
Cuerpo de baile: Cristina Aguilera, María Carrasco, Lucía La Bronce, Cristina Soler, Gloria del Rosario y Marta Cañizares
Guitarra: Ramón Amador
Cante: Estrella Fernández, Ismael de la Rosa ‘El Bola’ y Ezequiel Montoya
Batería: Sergio Fargas
Teclado: Robert Chacón
Instrumentos de viento: Fran Roca
Percusión: Paco Vega

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