Ezequiel Benítez derrama su causa a los ojos de Sevilla

Ezequiel Benítez, ‘Lo que nadie ve’, Teatro Alameda, Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

El graderío del Teatro Alameda acogió como agua de mayo el recital del jerezano Ezequiel Benítez, que transmitió emociones por puñaos en un recital de cante clásico que puso tierra en la programación de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla

El patio lució a media luz por petición del cantaor. Vino a desnudar su alma. Tenía que mirar a Sevilla a los ojos y ver las caritas del público para contarles su causa. Con la verdad por delante arrojó puyazos que zamarrearon la conciencia. Mensajes de vida, penas y alegrías. Ducas universales que atraviesan la atemporalidad de los sentimientos. Ezequiel cantó como es. Y cuando se tiene la sensibilidad y el talento, todo lo demás sobra. De ahí que se presentara a la Bienal con lo puesto, pero bien trabajado durante toda una vida. El resultado era evidente: al corazón llega lo que del corazón brota. Y del suyo rebosaron borbotones de letras propias que se hincaron en las carnes tatuando a perpetuidad ca una de las sentencias que espetó.

«Se trata de transmití. Es lo que a mí me enseñaron» Es lo que sabe hacer. Nunca defrauda. Y en esta ocasión sobresalió. Los que estamos curtidos en su repertorio pudimos apreciar que tuvo un gran día. Fue en La Bienal cuando en Lo que nadie ve se destapó a pecho descubierto transparentando sus entrañas para la afición. Ezequiel regaló un recital de altura, llevando tierra a La Bienal, sin aspavientos que ornamenten lo que agita, duele o acaricia.

Mira si vives en mí
que pa poe soñá contigo
no me hace farta dormí

Letra de una de las declaraciones de amor con más jinque de las que tiró por soleá, donde dio un repaso por un surtido de variantes, parándose en la de El Chozas, que muy poquitos la cantan y menos como él. La amarró encajando un fandango con aires de El Carbonerillo.

El compás en su sitio. Unas veces solo con palmas y otras con palmas y a nudillos. Manuel Soler, Diego Montoya, Tate Núñez, Naím Leal y Edu Gómez adoquinaron las vereas del tiempo. Y la guitarra pulcra y cristalina del portuense Paco León brilló flamenquísima, preñá de inspiración en los preludios y salías, recogiendo los cierres de Ezequiel y acurrucándolo con trémolos, arpegios y bordoneos, ora fuertes y redondos, ora suaves y aterciopelaos, según pedía la emoción en cada tercio.

Piropos a Cádiz por alegrías fueron salpicando la sal hasta llegar a los tientos, acompasaos, con un soniquete andante que le otorgó una musicalidad cautivadora que arrulló con gusto los envites de la garganta de Ezequiel. La bambera jugó entre los compases de fandangos que inventó El Pinto y los suyos propios. Y se columpió el jerezano por las mecías de una voz que atesora los misterios de las cosquillas en la barriga.

Temporeras y trillas descollaron con dos detallitos a la guitarra pa atraparle el tono. Aquello supo a tierra y a campo, a humildá y trabajo, a riñones y gañanías. La granaína y media granaína fue un rebusco en las entretelas del sentío. La seguiriya una queja que araña y vacía, un rebañón en la sangre, un dolor y un suspiro. El grito desesperao del lamento que no cesa dibujao a brochazos gordos de lágrimas en candela viva, anudao con el macho de El Tuerto de La Peña,  pa tragar saliva.

Una ristra de fandangos arrojaos al izquierdo y el broche desenfadao por bulerías, con pataíta incluida más el estribilo de moda, ajustaron el pestillo y las cuentas para cerrar una noche memorable de las que dejan el buen sabor de boca y detalles en el pocito donde guardamos los recuerdos que, andando el tiempo, nos alivian.

Ficha artística

Lo que nadie ve
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Alameda, 24 de septiembre de 2026

Cante: Ezequiel Benítez
Guitarra: Paco León
Palmas: Manuel Soler, Diego Montoya, Tate Núñez, Naím Leal y Edu Gómez

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