Este crítico se debate entre la verdad incómoda, el toreo o el pasapalabra. Parece que nadie quiere decirlo. Lo mismo es que no procede. ¿O hay artistas intocables?
La gala de clausura de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla se convirtió en un entrañable homenaje a la que se ha dado en llamar ‘la dama del cante’, Carmen Linares, reabriendo el debate de hasta cuándo los veteranos deben transitar los escenarios –con cachés importantes– o en qué punto deben retirarse con la dignidad intacta.
No digo yo que fuera inmerecido el reconocimiento, ni su actuación indigna, ni echaría por tierra «los caminos abiertos» de la maestra, pero idear un espectáculo de dos horas y media con una primera parte extensa a modo de recital de Linares echándole arrojos a sus mermadas facultades para luego invitar a una juventud entregada que le rendía los preceptivos honores dejándola en evidencia sin quererlo cada vez que abrió la boca, genera cuanto menos odiosas comparaciones que, descontextualizadas generacionalmente, deslucen la aparición de Carmen en las condiciones que puede ofrecerse al público.
Carmen Linares fue. Ya solo apunta a lo de antaño, de ahí que hubiera sido más digerible disfrutar de ella a sorbitos compartidos con la dulzura exquisita de Rocío Luna por Levante y lo que hubiera querido, el trapío y la fuerza de María Terremoto en la bulería por soleá o por tangos y bulerías, a Marina Heredia por los mismos derroteros engarzada en los aromas del cante granaíno y el baile flamenco de Rafaela Carrasco por seguiriya y lo que le hubiera venido en gana.
Una sucesión de duetos, precedidos por un par de cantes sin demasiadas exigencias de Carmen, y escuchar en las nuevas voces aquellos hitos que marcaron la banda sonora del cante de mujer desde el 96, hace 30 años ya, en hora y cuarto u hora y media de espectáculo hubieran puesto el broche sin dejarnos el agridulce sabor de escuchar el quiero y no puedo de Carmen, poniendo de nuestro oído el disco y no el directo para quien ya no dispone de ciertos mínimos exigibles. Y esto no es nuevo. Lleva años así. No haré más sangre con pormenores detallados de su repertorio. Pero… ¿Pa qué te mete en na? Se me vino a la cabeza Diego Clavel. Y todos los aficionaos sabrán por qué.
No interpreten por favor ofensa ni un ápice de acritud en mi crítica. Mis respetos por delante. Incluso podría ver el ocaso de su cante sobre los maderos de un escenario si así le place. Pero exponerse por su nombre y trayectoria a veces no es suficiente para alcanzar las cotas de calidad que se esperan. De ahí que la clausura de La Bienal fue un éxito más por la idea y la deferencia con la agasajada que por lo artístico. Solo en el caso de Carmen, claro, porque las artistas invitadas arrancaron oles y levantaron al público en sus intervenciones, como era de esperar.
Carmen no tiene que demostrar nada. Ya lo ha hecho en innumerables ocasiones a lo largo de su carrera. Debe estar ahí para recoger sus merecidos homenajes, reconocimientos y lo que venga. Pero pretender a estas alturas defender un recital clausurando el mayor festival flamenco del mundo es desproporcionado no a su magnitud, sino a las condiciones que presenta.
Mis irreverencias aparte, según se mire, Carmen recordó a Dolores de la Huerta y Concha la Peñaranda en los fandangos de Lucena y la rondeña, se miró en el espejo de la Niña de los Peines, La Mejorana y Rosario la del Colorao por alegrías y cantiñas y de nuevo en los tientos en Pastora, en cuya fuente reincidió por bamberas, coronando con los fandangos de María la Conejilla y Juana María. Y tras un pase instrumental con el piano de Pablo Suárez, las guitarras de Salvador Gutiérrez y Edu Espín, arropados por la percusión de Dani Suárez y los coros y palmas de Ana María González y Rosario Amador, llegó lo bueno: Carmen fue pasando el testigo a los mujerones del cante y el baile que invitó para hacer las delicias del respetable.
¡Cómo derritió Rocío Luna la taranta de La Gabriela! ¡Qué poderío el de María Terremoto crujiendo El Maestranza en la bulería por soleá! ¡Radiante y flamenquísima Marina Heredia por tangos, pa pegarle bocaos! ¡Qué naturalidad en el baile Rafaela!
Y el fin de fiesta. Se le antojó a Linares su toná. Chimpún. ¡Por fin!
Ficha artística
Perlas a millares. 30º aniversario de la ‘Antología de la mujer en el cante’
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de La Maestranza, 3 de octubre de 2026
Cante: Carmen Linares
Guitarras: Salvador Gutiérrez y Edu Espín
Piano: Pablo Suárez
Percusión: Dani Suárez
Coros y palmas: Ana María González y Rosario Amador
Artistas invitadas
Cante: Rocío Luna, María Terremoto y Marina Heredia
Baile: Rafaela Carrasco