Podremos criticar lo que nos venga en gana, pero los datos están ahí. Y cada cual que los interprete como quiera. Con Luis Ybarra a la dirección, por segunda vez consecutiva, el mayor escaparate del flamenco del mundo ha cerrado su XXIV edición batiendo de nuevo todos los récords. Si en 2024 ya se contempló una notable subida en la recaudación, impacto y proyección de la cita, este año ha llegado a un 92 por ciento de ocupación y ha colgado el no hay billetes en 44 funciones del programa, lo que ha granjeado a las arcas del certamen la suculenta cantidad de 1.356.519 euros, superando en casi un 35 por ciento lo que ocurrió hace dos años. Todo ello lo anunciaron el pasado 16 de octubre en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, uno de los espacios escénicos de La Bienal, el alcalde de Sevilla José Luis Sanz, deshaciéndose en halagos y agradecimientos al director del festival, que se mostró satisfecho, ambos con miras ya al 25º aniversario en 2028 «como proyecto de ciudad».
Más de 800 mil visitas en su web, cuyo 60 por ciento proviene de China, Francia, Estados Unidos y Brasil, 4600 impactos en medios de comunicación, 80 mil seguidores en redes y casi 5,5 millones de impresiones, se hubieran traducido en una inversión publicitaria de 58 millones de euros.
Pero Ybarra destacó la trascendencia artística de La Bienal «por sus muchos públicos», la diversidad, la presencia de distintas generaciones y estilos que le otorgan una pluralidad de sensibilidades que consiguen además que «ocurra hacia el mundo» siendo el foco de interés de programadores y directores artísticos nacionales e internacionales que ven en la muestra un catálogo donde tomarle el pulso al flamenco. Y se conforma a su vez como punto de encuentro donde los artistas van a ver las creaciones de sus compañeros, además de complementarse con numerosas actividades paralelas de toda índole: proyecciones, exposiciones, conferencias… Habrá que esperar con mayor perspectiva y tiempo para valorar el alcance de las producciones y lo que ha supuesto esta Bienal para las carreras de determinados artistas.
Aparte del centenario de la ópera flamenca como hilo conductor de esta edición, resaltó la importancia del papel de la mujer y la reciente conmemoración de los 600 años de la llegada a la península del pueblo gitano.
Sanz planteó tres retos futuros de calado y envergadura: encontrar una sede permanente para La Bienal que podría convivir con el museo del flamenco que le falta a la ciudad, ampliar la programación durante los años que no hay festival y llevarla al mayor número de pueblos posible y poner los ojos en un sonado 25º aniversario, todo ello dejando atrás a una Bienal «que estaba agonizando para seguir ofreciendo esta, más viva que nunca».
Los Giraldillos
Aunque no se ha precisado si llevan dotación y aun no hay fecha para la gala de entrega de las preciadas estatuillas que reconocen la labor de los artistas flamencos en esta renovada Bienal, se han recuperado los premios con una buenísima acogida entre flamencos y público. Pero nunca llueve a gusto de todos.
El jurado que otorga los galardones lo han integrado José Manuel Gamboa, Eusebia López, Juan Garrido, Marta Carrasco, Rocío Coral, Cristina Cruces, Fran Pérez, Francisco Bernier, Manuel Macías, Paco Escobar y Francisco Cuadrado, cuyos criterios y miradas desde distintos ámbitos están fuera de cuestionamiento alguno, ya que son reputados profesionales y muy capacitados para emitir juicios de valor plenamente argumentados.
Los premiados han sido:
Giraldillo al Cante: Sandra Carrasco
Giraldillo al Baile: Olga Pericet
Giraldillo al Toque (ex aequo): José Fermín Fernández y Alejandro Hurtado
Giraldillo a la Música Instrumental: Canito y Raúl Rodríguez, que sellaron la presentación de la rueda de prensa de los resultados de La Bienal
Giraldillo al Mejor Espectáculo: Babel. Torre viva, de David Coria
Giraldillo Revelación: Lucía La Bronce (baile)
Giraldillo al Momento Mágico: Esperanza Fernández, José Valencia y Duquende, por su seguiriya a tres voces en A Canela y Clavo
Giraldillo del Jurado al Cante: Carmen Linares
Giraldillo del Jurado al Baile: Isabel Bayón
Giraldillo del Jurado a la Guitarra: Cañizares
Estos premios nacieron con la propia Bienal en 1980. En aquella primera edición se concedió un único Giraldillo y fue al cante. Lo recibió Calixto Sánchez. Durante las décadas de los ochenta y los noventa, los galardones adoptaron principalmente la fórmula de concurso, con convocatorias alternas en las especialidades de Cante, Baile y Toque. Se convirtieron así tanto en un respaldo para artistas que comenzaban sus trayectorias como en una forma de reconocimiento a los grandes maestros.
Con el cambio de milenio, La Bienal adaptó el modelo de los Giraldillos a la evolución del flamenco y de su creación escénica. El carácter competitivo fue dejando paso a una distinción vinculada a los espectáculos y artistas presentes en la programación, con jurados especializados formados por críticos, flamencólogos, creadores y artistas. Hasta 2018, los galardones reconocieron distintas facetas de la creación flamenca y señalaron algunas de las propuestas, artistas y momentos más significativos de la muestra.
Tras dos ediciones en las que se concedió un único Giraldillo de Honor para distinguir trayectorias de especial relevancia, esta XXIV edición recupera los galardones vinculados a la programación. El regreso de Los Giraldillos permite volver a poner la mirada, desde distintas categorías, en aquello que cada edición aporta al presente y al futuro del flamenco.