Marina Heredia: de la excelencia a la generosidad

Marina Heredia, ‘¡En libertad! El camino de los gitanos, Teatro de la Maestranza, Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

La cantaora granaína transitó con altibajos ‘¡En libertad! El camino de los gitanos!’, una obra grandilocuente junto a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y artistas invitados

Aunque era previsible, fue sin anuncio previo ni en el momento como resolvieron en dos un concierto espectacular en cuanto a la excelencia musical y cantaora, pero demasiado generoso con las invitaciones al proscenio de los artistas que participaron. Si bien Marina Heredia se mostró magnífica en el encaje con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en una primera parte que rozaba la perfección, desde la dirección escénica, las luces, el sonido y la cesión del protagonismo a la nómina de flamencos de los que se rodeó, conformó una segunda parte menos perfilada, aunque muchísimo más flamenca y con instantes memorables. Digamos que le faltó redondear y pulir los detalles que pudieron marcar la diferencia.

Bajo la dirección impoluta de José Trigueros, la ROSS imprimió factura de solemnidad y buen gusto tanto en la ejecución como en las composiciones, adaptadas con pasmosa naturalidad y sin corsé por Marina, tocada de inspiración, movida por la música y su causa. Le iba en la sangre. La reivindicación de la gitanidad, contada desde otra esquina a la que venimos asistiendo desde el pasado año, cuando se cumplían seis siglos de la llegada del pueblo gitano a la piel de toro, hizo bandera y argumento de una propuesta pergeñada con finura y elegancia, sin menoscabo de la racialidad pretendida para el final del espectáculo.

Denunció en Mi alma al mundo pertenecer con orgullo a «la raza maltratada y odiada, reprimida y dolida» y se fue pa Cádiz donde Los lunares bailan, allí donde la guitarra almibará de giros frescos de José Quevedo ‘Bolita’ y la extraordinaria percusión de Pakito González se hicieron notar. Insultantemente bella y arrolladoramente flamenca a pesar de engarzar su gañote junto a una orquesta, lució con gallardía, llegando a la Pesadilla que sufrió su gente a lo largo de la historia de represiones y castigos injustificados. Prosiguió desgarrándose con versatilidad y duende, al «olor de la pena» y con la Nana que acurrucó acariciándose como si arrullara en el regazo a su «gitanilla de canela». Sonó un solo de la orquesta y descolló pletórica en los tangos, En libertad, coronando su intervención con la ROSS arribando al Epílogo, hecho a jirones de todo lo anterior.

Tras un largo descanso que enfrió la tensión artística y argumentativa, que bien podrían haber solucionado con alguna transición escénica, y hasta se me ocurre el disfrute de Marina en solitario frente al micro mientras recogían en ‘caravana’ los integrantes de la ROSS, los cazos de metal colgados del techo anunciaban al contraluz a los flamencos que ocuparon la tarima.

La voz del actor gitano Juan Fernández emocionó y se rebelaba defendiendo el estigma de la libertad de un pueblo mientras «la sangre grita abriéndose paso por los escombros del tiempo», perfumando el imaginario del graderío de hierbabuena, albahaca, tomillo y romero.

Jaime ‘El Parrón’ rezó al Dios de los gitanos por saeta y tonás con azotes calientes. Y Undibé quiso que Eva La Yerbabuena protagonizara lo que fue quizás el momentazo de la noche. Con el pelo suelto, andando con parsimonia, cruzó hacia la luz de un lado a otro del escenario. Dibujó figuras ralentizadas en homenaje a Manolete. Se auguraba tragedia y la mascó bailando por farruca en una interpretación magistral, a pesar del exceso de reverb que llevó la voz de Marina, espléndida en su quietud sostenida arrojándole el cante.

Nada que objetar del piano de Pablo Suárez, las palmas de Diego Montoya y los coros de Curro Soto, Carmela Gil y Manuela Moya, sedosos y acompasaos. Sí al contrapunto de los botines blancos de Ezequiel Montoya. En lo artístico estuvo cuanto menos acertado en el dúo con Marina, pero rompió la pulcritud del vestuario del resto de componentes. No es tontería, todo cuenta en un discurso que es en gran parte y también estético.

El piano de Dorantes desbordó de lebrijanía, arte y rajo Tras una gota de agua aportando espuertas de calidad artística a este pasaje en el que Marina siguió descalza y alzando sus puños en alto en comunión con el cielo y la tierra, acariciando con sus melismas al unísono de la pulsación suave o potente que David le endiño al blanco y negro de sus marfiles gitanos.

Y con unos tangos arrumbaos, cantaron y bailaron, se hizo la fiesta y colmaron de age El camino de los gitanos, una obra grandilocuente transitada con altibajos.

Ficha artística

¡En Libertad! El camino de los gitanos
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza, 1 de octubre de 2026

Cantaora: Marina Heredia
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por José Trigueros
Guitarra: José Quevedo ‘Bolita’
Percusión: Pakito González
Voz: Jaime ‘El Parrón’
Narrador: Juan Fernández
Piano: Pablo Suárez
Palmas y Coros: Diego Montoya, Curro Soto, Carmela Gil y Manuela Moya

Artistas invitados

Piano: David Peña ‘Dorantes’
Cante: Ezequiel Montoya
Baile: Eva Yerbabuena

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