Las ratas en La Bienal

Muelle de la Sal, Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

La gente se queja de to. Y los críticos más. Ni que nos pagaran por esto. Llega La Bienal y algunos van buscando el ojo en el barro, la aguja en el pajar, para hilar fino. Parece que cuesta agradecer. ¿Gusta? dar leña. Y eso, dicen, ya no está de moda. «Kiko, ¿tú qué eres: periodista, crítico o criticón?» Me soltó un día en los postres la cantaora Mari Peña. Y no tuve más que descojonarme.

No me voy por las ramas, ni les cuento mucho más de mi vida, que después… Por las ramas, los arriates y las paredes de los aledaños del río, en el Muelle de la Sal, van las ratas. Al quejío de La Fabi, con la soleá de Romerito de Jerez o asistiendo al homenaje de la Tertulia Flamenca El Pozo de las Penas de Los Palacios, donde Itoly hizo asomarse hasta al guarda de la Campana.

Con malas artes, quiso controlar Chema Blanco a la crítica dos bienales atrás. A Luis Ybarra no se le ocurriría. Es un señor y sabe lo que es esto. Recuerda cuando llevaba el portátil al Maestranza para que ABC tuviera su artículo el primero. Y no vean lo bien que escribe. Lo confieso: pagaba el euro en promoción para la suscripción trimestral a ABC on line solo para leer a Luis. Pero esto se le escapó. O los ahuyentadores no han sido efectivos. Porque es normal que haya ratas por estos sitios. Tampoco es pa alarmarse tanto. Una experiencia. Y la experiencia es un grado. Pa la próxima, una desratización y ya. O que traigan allí a Israel Fernández, que miren ustedes lo que han dicho los plumillas. Y que le den a los viejos el Lope o El Maestranza. ¡Qué barbariá!

Pero es que también se quejan de que se escuchaban los espectáculos –y veían de espaldas– de lo alto del puente de Triana sin haber pagao los 30 euros de entrada. El otro día un espontáneo despotricó sobre esto tras la malla de ocultación que hay en los laterales. Y es que a ver dónde podría programarse a los viejos en vez de en el Muelle a las 11 de la noche, con sus adoquines, los camerinos al bajar la cuesta y al lado del río Guadalquivir con los ecos en sus dos orillas.

El caso es que to esto iba para el Hotel Triana y tuvieron que improvisar. Como los que compraron la entrada pa el otro sitio y no se habían enterao del cambio. ¡Qué despiste!

La gente se queja de to. Los críticos más. Hasta de las ratas. Y los rateros… ¿qué?

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