Al compás de alegrías cortó el negro de la Maestranza envuelto en mantón y bata de cola. El guitarrón preñao de musicalidad de Francisco Vinuesa arrojó los primeros compases para las gargantas de Miguel Ángel Heredia, Sebastián del Puerto, José Manuel Fernández y Juan de la María. Manuel Liñán movió la bata de cola a su antojo con un dominio pleno de los virajes y alzados. Hizo lo mismo con el mantón, por resultó brusco a veces en la euforia acrobática de la aceleración, algo atropellado, metiéndole más de lo que le cabía al asunto. Juan trinó dulce las alegrías de Córdoba y no faltaron las cantiñas de Pinini, redondeando los tercios.
Miguel Ángel Heredia enmarcó sensible unas sevillanas en la intimidad de un cenital rindiendo honores a Pareja Obregón y Manuel Molina, antes de que Liñán cambiara de vestuario y encandilara con las creativas mudanzas del cuerpo –abanico en mano– y la sensualidad sin catalogación de género. Con el siseo de su boca llamó a alguien al proscenio. Y salió Miguel Poveda de entre bambalinas. Con el flirteo de caderas y las mirás de Liñán pasaron al roneo, Marchena presente en las cadencias. Se abrazaron al cante y el baile por guajira en un juego de seducción y admiración mutua, algo que escenificaron bien sentándose en la silla a disfrutar de lo que daba el otro, recibiéndolo.
Vinuesa desdibujó la taranta en su solo para que entraran al recuerdo por tarareo en sus cuerdas cachitos de coplas míticas y reconocibles como La niña de fuego de Caracol o El Emigrante de Valderrama.
Y llegó lo mejor de la noche. Uno de los momentazos que nos ha regalado esta Bienal. Porque en la simulada y cariñosa pelea por tangos entre Liñán y Rafael Campallo, el bailaor sevillano se salió del pellejo en la demostración del menos es más, de la insinuación varonil y gustosa, de la quintaesencia del paladar trianero y la enésima evidencia de su elegancia y sensualidad. La aparición de Campallo eclipsó cualquier cosa y nos dejó el regusto del arte, la carraspera en el tragaero y las cosquillitas por el cuerpo. ¡Cómo movió ese pañuelo por su cuello, rodeando a Liñán, jugueteando al pasarlo por su entrepierna, limpiándole la baba al bailaor o la punta de sus propias botas! La generosidad de Liñán con sus invitados llegó aquí al punto de superar la atracción de su propuesta, quedando en segundo plano el pasaje que Manuel coreografió para este palo. Triana y la Catalina de Vallejo sirvieron de sostén para el deleite de las papilas. Brillante, Campallo. Siempre un maestro escondido.
Sin solución de continuidad, tras el guiño a la Gitanería arabesca ricardiana que Vinuesa reinterpretó someramente, prosiguieron los tangos granaínos, la alboreá y el remate por bulería arromanzá, postrada a las hechuras de Pedro Peña y los aires de Lebrija. Se armó la fiesta. Y el ruido, porque los inapropiados empastes sonoros no dejaron disfrutar como se debiera de los matices, las palmas, el cante y los jaleos. Se coló por ahí Juan Tomás de la Molía, entre otros, en la antesala de su espectáculo, que disfrutaremos hoy en el Teatro Central. «¡Bien, bien, bien!», corearon desde el cuadro para la salía de Liñán, recordando el instante en el que en Vertebrado –con los pies de la Molía pero ideado por Liñán–, escuchábamos esta coletilla.
El homenaje a Mario Maya y su reivindicación del pueblo gitano, ejemplificado por el cuerpo de baile de la EFAD que hibridó la seguiriya de pasos militares (1, 2…), con la voz en off recordando la pragmática antigitana de los Reyes Católicos, precedió al baile por cantiñas –de nuevo– en el que Liñán se anudó la chaqueta en la cintura a modo de falda para danzar desatado entre la ambigüedad y lo versátil, sobre la delgada línea que separa lo diverso. Y bien pudo ser el broche. Pero había más. La jocosidad, la guasa y el soniquete de Tomasito y su rap flamenco fueron la moraleja reivindicativa de la libertad y el respeto, la indiscriminación y la tolerancia, la aceptación ya asumida de «un cuerpo que no pide permiso y un alma sin pedir perdón». Liñán montó a cucu a Tomasito y se fueron todos de juerga.
Ficha artística
Bailaor@
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza, 22 de septiembre de 2026
Dirección, coreografía y baile: Manuel Liñán
Guitarra: Francisco Vinuesa
Cante: Juan de la María, Juan Manuel Fernández, Miguel Ángel Heredia y Sebastián del Puerto
Artistas invitados: Miguel Poveda, Rafael Campallo, Ballet y Tomasito