Olga Pericet y el minimalismo jondo

Olga Pericet, ‘Perspectiva de un baile sonoro’, Teatro Central, Bienal de Flamenco de Sevilla

Archivo Fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León

La bailaora cordobesa presentó en la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ‘Perspectivas de un baile sonoro’, una propuesta de reactualización de la esencialidad y el minimalismo jondo, con guiños a muchas de las obras que jalonaron sus treinta y cinco años de carrera

El telón descubrió una presentación muda en la que los integrantes del elenco fueron ocupando su sitio, al son de un mismo latido. Tronó la farruca en la guitarra de José Manuel León, acertadísimo en la composición musical. Se abrazó al cuadro y al respetable, enganchándolos de manera hipnótica, junto al baile de Olga Pericet, durante toda la obra. Si bien el diseño sonoro erró en exceso de decibelios, no impidió que yo hincara los ojos en el proscenio y dejara de pestañear siquiera hasta el fin de fiesta.

La farruca trae camino de convertirse en seña de identidad del repertorio de Olga, como el resto de piezas, a las que les imprime su impronta y personalidad únicas. Las dota de una fragilidad vigorosa en las que conjuga las bases de la tradición y el siglo XXI, sin dejar de ser ortodoxa y moderna a la vez, cuidando los volúmenes y el eje de un cuerpo que, a priori, desencaja en los típicos tópicos del baile flamenco.

Los recortes de sus figuras, los marcajes en los desplantes y la sutileza de los paseos y silencios estuvieron al servicio del toque de José Manuel y las voces de Miguel Lavi y Mercedes Cortés que, si bien suena mejor que canta, tuvo momentos de lucimiento por la sensibilidad en la ejecución, brillando más la intención que los resultados. Lavi endiñó rebañones desde la barriga, sembrao de gracia, sentimiento y compás.

Enjaretó Mercedes a caricias y embestidas semitonás la vidalita de Marchena, desmoronando al oído aficionao las cadencias del imaginario. Y entre el fondo de flecos que hizo de telón trasero salió Lavi para templarse en la soleá por bulería. Olga busca la contención en los envites, bailándole al toque y al cante, fundiéndose con cariño en el resumen de cada detalle. Una coreografía estéticamente hermosa –con pies definidos y un braceo estrictamente suyo– casi cinematográfica, que en lo dancístico recordaba pasos de géneros urbanos, no dejó de ser flamenca y atrevida. Mercedes trenzó una puerta en los flecos y surgió el diálogo entre el baile y la guitarra en una deconstrucción de la petenera. Bata de cola blanca y un abanico en cada mano: amarillo mal fario y naranja, con los que jugó incluso improvisando magistralmente cuando uno de ellos se le escapó.

Llegó aire fresco con la guajira. En las bulerías abandonó al compás de palmas y guitarra sorda a los dos cantaores. Evocó en la salía Mercedes los ecos de Manolito de María y se repartieron un puñao de chuflillas. Rondando la seguiriya por el trazo que circunscribió una luz cenital, acompañaron a Olga arrojándole quejíos dolientes de tonas y seguiriyas, hiriendo en el macho de Juan Junquera en el que se alternaron los tercios, o la de los cerrojos de Mairena en la garganta adoquiná de cristalitos jerezanos de Miguel Lavi. Se fue estrechando el círculo y ella los metió dentro para sufrir desde la desnudez de su intimidad las duquelas compartías. Los acompañó con la percusión de las castañuelas, ataviada con chaquetilla y pantalón. Con el pelo suelto se desató alborotada para quejarse libre y gritar con el cuerpo y sus pies como le dio la gana. ¿O acaso no es así una queja? El mantón extraordinariamente bello con el que arropó sus alegrías lo movió con parsimonia, sin aspavientos estridentes, dibujando figuras sin bruscas sacudidas. Vino a ser flamenca de hoy aferrada al canon, con la mirada en sus orígenes, los amigos y los maestros de los que aprendió. Y muchos corrieron tras los aplausos para sumarse a la invitación a un fin de fiesta impagable con el cante de Lavi, Cortés, Herminia Borja y Jesús Corbacho, Eugenio Iglesias a la guitarra, y el baile del maestro Manuel Marín, Marina Valiente, Patricia Guerrero, Marcos Flores, El Pelón, Manuel Betanzos y Úrsula López, entre otros, que hicieron las delicias de un público entregado ante la singularidad creadora de una flamenca de hoy, Olga Pericet, y su minimalismo jondo.

Ficha artística

Perspectiva sobre un baile sonoro
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Central, 21 de septiembre de 2026

Baile: Olga Pericet
Cante: Mercedes Cortés y Miguel Lavi
Guitarra: José Manuel León

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