Manuel Moneo ‘Barullo’ y las puñalaítas de la verdá del cante

El Barullo escarbó en sus tripas. Endiñó zamarreones a las fatiguitas que jieren. Entró en el laberinto de los duendes y los empujó a tos por su gañote, quedándose a solas con sus duquelas. Las lloró a bocaos. Y me dejó temblando